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Citas X


Pasar de la creencia, yo soy algo, a la comprensión de que no soy nada es el camino de exclusión: no soy esto, no soy esto, no soy esto. Pasar de la comprensión de que no soy nada al sentimiento-comprensión, que todo lo abarca, de que yo soy todo, es el camino de inclusión: yo soy esto, yo soy esto, yo soy esto. El primero es el camino de comprensión, el segundo el camino de amor.

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Todo lo que se conoce es el conocer de la experiencia y Yo, Presencia consciente, soy ese conocer.

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Yo, Presencia consciente, no puedo iluminarme. Ya soy la luz que ilumina toda experiencia. Tampoco un yo separado puede iluminarse porque cuando el yo separado se enfrenta a la luz; desaparece, al igual que una sombra cuando se expone al sol.

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El yo separado es un punto de vista; Yo, Presencia consciente, soy el ver.

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La ignorancia solo es ignorancia desde el punto de vista ignorante de la ignorancia. El yo separado solo es un yo separado desde el punto de vista imaginario de un yo separado.

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El sol no puede conocer la oscuridad, de la misma manera Yo, Presencia consciente, no puedo conocer la ignorancia. Por tanto, para Mí no hay ignorancia, ni yo separado, ni objeto, persona o mundo separados. Todo esto es para el pensamiento, no para Mí.

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El yo separado es como espacio atrapado en una red, aparentemente limitado, pero no realmente.

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El yo interior separado siempre tiene un punto de vista. De hecho, el yo interior separado es un punto de vista. Sin embargo, Yo, Presencia consciente, no tengo un punto de vista. Yo soy el ver.

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La creencia de que somos un yo separado crea el sentimiento de que hay un objeto, una persona o un mundo separados. Cuando se ve claramente que el yo interior no existe, también se ve que no existe el mundo tal como parecía existir. Todo lo que queda es la intimidad continua de la experiencia, que se conoce como amor.

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El pensamiento imagina que yo, Presencia consciente, comparto los límites y el destino de la mente y el cuerpo. Con esta creencia, surge la aparente existencia de un yo temporal, en cuyo nombre se llevan a cabo la mayoría de pensamientos, sentimientos, actividades y relaciones subsiguientes. 

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El yo separado no es una entidad; es una actividad - la actividad de resistirse a lo que está presente y de buscar lo que no está presente.

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Yo, Presencia consciente, no puedo iluminarme. Ya soy la luz que ilumina toda experiencia. Tampoco puede iluminarse un yo separado porque cuando un yo separado se encuentra ante la luz, desaparece, al igual que una sombra cuando se expone al sol.

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El percibir es real, está hecho de consciencia


Interlocutor: Si todos llegásemos a estar el cien por cien del tiempo conectados con esta consciencia, ¿el mundo desaparecería?

Rupert Spira: Pasarías tu vida expresando paz, felicidad y amor.

I: Seguiríamos conscientes del mundo y volveríamos a ser como un niño... 

RS: Tu pregunta implica la existencia de un mundo independiente y real ahí afuera. Pero ese aparente real e independiente mundo externo depende del aparente separado yo interno. En otras palabras, el yo interno y el mundo externo surgen conjuntamente y se disuelven al mismo tiempo, se disuelven juntos. 

Aquello que permanece cuando el yo interior y el mundo exterior se disuelven y desaparecen, no es una nada vacía, sino que todavía hay pensamientos, sensaciones y percepciones. En otras palabras, hay experiencia, experimentar, pero la experiencia no estará dividida conceptualmente en dos: por un lado, una parte que experimenta el yo interno y separado; y por otro lado aquello que es experimentado, el mundo externo. Sino que el sujeto y el objeto desaparecen; de hecho no es que desaparezcan, sino que en realidad nunca estuvieron ahí. 

No es que la apariencia de la dualidad desaparezca; nunca estuvo realmente ahí, nunca hubo, en realidad, un yo interno y un tú externo. Cuando ese yo interno y ese tú externo desaparecen es lo que llamamos el amor. Cuando el yo interno y el mundo externo desaparecen eso es lo que llamamos belleza. Es la misma experiencia, son dos nombres para la misma experiencia. La disolución por un lado del yo interno, y por otro lado el mundo externo.

Ese derrumbamiento del yo, del otro y del mundo es lo que todos los “yoes” separados están anhelando; es aquello que los siete mil millones de personas están anhelando, están buscando, no sólo aquellos pocos que están interesados en la no dualidad. 

La experiencia, el experimentar no desaparece, pero el experimentador separado y lo experimentado externo, eso sí desaparece. Aparentemente parece que se unan, pero en realidad siempre estuvieron unidos, siempre fueron lo mismo. Así todo es experimentado con la misma intimidad. La amapola en el primer plano y la montaña del fondo tan sólo están cerca o lejos para el personaje en la película; para la pantalla, los dos son igual de íntimos, están igual de próximos. 

El sentido de que tan sólo estoy permeando, penetrando esta pequeña esquina del universo desaparece, y entonces sentimos que ocupamos la totalidad de nuestra experiencia. Esa intimidad es la condición natural de nuestra experiencia, no sentimos amor o intimidad tan sólo con una o dos personas o con uno o dos objetos, sino que toda la experiencia está hecha de esa intimidad. 

Es en este sentido que el mundo externo desaparece, pero la percepción, el percibir no desaparece.  Es por eso que en las enseñanzas tradicionales se dice que el mundo es una ilusión. Es tan sólo el mundo exterior, distante y separado que es una ilusión, pero la percepción, el percibir es real, está hecho de consciencia.

(Pasaje extraído del Encuentro de Febrero de 2012. Disponible en "Descargas").

La tragedia y la comedia de la condición humana


El descubrimiento de que la paz, la felicidad y el amor están siempre presentes en el interior de nuestro ser y completamente disponibles a cada momento de la experiencia en todas las circunstancias es el descubrimiento más importante que uno puede hacer.

Normalmente nos consideramos a nosotros mismos entidades limitadas y separadas, un cuerpo y una mente nacidos en un mundo que ya existía; pensamos que nos movemos hacia delante en el tiempo, negociando las circunstancias en un intento de obtener la paz, la felicidad y el amor que anhelamos, mientras envejecemos continuamente y estamos destinados, al final, a morir.

Sin embargo, nuestra naturaleza esencial es, ella misma, puro ser, pura presencia consciente, que ni reside en el cuerpo ni en la mente ni depende de ellos. No va ni viene; no nació ni va a morir. Está eternamente presente ahora, y la paz, la felicidad y el amor son su mismísima naturaleza.

En la paz y la felicidad conocemos nuestro yo como absolutamente independiente de todas las manifestaciones aparentes del cuerpo, la mente y el mundo; así reconocemos nuestra libertad innata. En el amor nos conocemos como íntimamente uno con todas estas manifestaciones.

La libertad lo es respecto a estas manifestaciones aparentes; el amor tiene lugar dentro de ellas.

Y ¿quién ha llevado a cabo este descubrimiento sobre nuestro yo? Nadie distinto de nuestro yo. Este descubrimiento proviene de nuestra propia experiencia íntima de nuestro yo, de su conocimiento íntimo de si mismo.

En otras palabras, el solo conocimiento de nuestro propio ser tal como es constituye una verdad evidente por sí misma que no requiere de confirmación por parte de ninguna otra fuente. Por supuesto, es el pensamiento el que está formulando este descubrimiento, pero el descubrimiento mismo no proviene del pensamiento.

Las implicaciones de este descubrimiento son a la vez simples y profundas: en cada uno de nosotros, la paz, la felicidad y el amor que son nuestra naturaleza esencial están siempre presentes y disponibles. Es decir, aquello que verdaderamente anhelamos en la vida está disponible a cada momento, en cualquier circunstancia, en el sencillo conocimiento de nuestro ser tal como realmente es.

Si miramos de cerca y honestamente la gran mayoría de nuestros pensamientos y actividades, veremos que están orientados a obtener la paz, la felicidad y el amor por medio de la manipulación de las circunstancias o la adquisición de objetos y relaciones en el futuro.

Esta proyección de la paz, la felicidad y el amor en un futuro imaginario vela la paz, la felicidad y el amor que residen en el núcleo de toda experiencia.

El yo interior e imaginario se crea cuando esta paz, felicidad y amor resultan velados, y, una vez que ha sido creado o imaginado, se ve condenado a una búsqueda incesante; y busca, en un futuro que no existe, algo que, por definición, no puede encontrarse allí.

Esta es la tragedia y la comedia de la condición humana.

(Pasaje extraído del libro "Presencia. El arte de la paz y la felicidad".) Disponible en "Editorial Sirio".

Haz de la presencia consciente tu morada


Interlocutor: ¿Es posible mantener la posición de la presencia consciente tratando con los asuntos de la vida cotidiana o cuando uno discute con alguien? Especialmente tratando con alguien que también está atrapado en el yo separado.

Rupert Spira: Es el motivo por el que venimos a lugares como éste; aquí nuestras circunstancias son fáciles y pacíficas, en la mayoría de los casos no hay nada que está provocando la reactividad del yo separado. Podemos, de manera segura, relajarnos en nuestro propio Ser. Pero cuando salimos a la calle y alguien choca con nosotros inmediatamente nos sentiremos ofendidos. No es la consciencia la que se sentirá ofendida, la consciencia jamás se siente ofendida. Pero, en ese momento, el yo separado es recreado, yo aquí separado de un tú allí separado.

El valor de venir a un encuentro como este es acostumbrarnos a morar en nuestra propia naturaleza en circunstancias fáciles, a diferencia de cuando estamos ahí fuera en el mundo, cuando todo nos anima a pensar y sentir en tanto que un yo separado. Aquí todo nos anima a pensar y sentir en tanto que el verdadero Ser de la presencia consciente; aquí nos acostumbramos a ello, nos habituamos a ello. Salimos fuera y por un rato parece que se pierde, y volvemos de nuevo aquí. Cuando digo volvemos, no estoy queriendo decir volvemos a un lugar o a una persona, quiero decir volvemos a nuestro propio Ser y moramos, permanecemos ahí. Después cuando parece que de nuevo volvemos al mundo, con el tiempo nos daremos cuenta que cada vez menos situaciones tienen la capacidad de sacarnos de ahí.

Así que remítete a aquello, en tu experiencia, que hace que aquello de lo que hablamos aquí sea real. Puede que sea un encuentro como éste o un libro, puede que te sientes en casa y simplemente mores en tanto la presencia consciente que eres permitiendo que aparezcan los pensamientos, sentimientos y percepciones. Sigue aquello que para ti sea lo mejor. 

Al principio parece que hay un vaivén, un movimiento, pero en la mayoría de los casos, este vaivén se va reduciendo, se va ralentizando, hasta que te das cuenta de que jamás te has movido; has hecho de la presencia consciente tu morada. En vez de hacer de los pensamientos y sentimientos tu morada, haces de la presencia consciente tu morada. Los pensamientos y sentimientos no van a cesar; simplemente dejan de servir a un yo imaginario y empezarán a servir a la paz, felicidad y amor, que son inherentes a tu verdadera naturaleza.

(Pasaje extraído del Encuentro de Febrero de 2012. Disponible en "Descargas").

La posición de presencia consciente


Interlocutor: ¿Pueden los sentimientos de otras personas afectar la manera de ser consciente como observador?

Rupert Spira: Primero de todo: alguien tiene un sentimiento y tú eres consciente de ello; la manera de saber que estás como testigo de ese sentimiento, es darte cuenta de si hay algún tipo de atracción o repulsión en ti hacia ese sentimiento del que eres observador. 

Si hay algún tipo de actitud hacia el sentimiento, y una actitud hace que o bien quieras ir hacia allí o separarte, si hay alguna actitud sutil, entonces no estamos permaneciendo en la posición de presencia consciente, sino que más bien estamos adoptando la posición del ego que está fingiendo ser presencia consciente.

Esta es la primera cosa que hay que entender acerca de la posición que uno adopta: ¿estoy realmente permaneciendo en tanto que esa presencia consciente testigo, completamente abierto a aquello que se presenta ante mí? O, más bien, ¿hay un sentimiento sutil de resistencia?

De hecho, no es el sentimiento de la otra persona el que puede invadirte, es tu propio sentimiento el que te invade. El sentimiento de la otra persona no es un problema, es tu sentimiento el que te está causando el problema.

En el momento en que tu sentimiento negativo ha surgido en respuesta al sentimiento de la otra persona, ya no estás adoptando la posición de consciencia observadora, sino que estás adoptando la posición de un ego dolido y a la defensiva. Ahora te encuentras con un ego enfadado que está conversando con un ego irritado; todos sabemos como se siente eso.

Estos dos egos tienden a pelear por sus diferencias, cada uno defendiendo su territorio y eventualmente y con suerte llegarán a algún tipo de resolución compartida. 

La resolución no está jamás en el guión, en la historia de los dos egos, sino que se hallará en el punto en que cada parte sea capaz de abandonar su posición defensiva.

En otras palabras, la resolución jamás ocurre entre egos, sino que ocurre siempre en el espacio compartido de la presencia consciente. Ese espacio compartido de presencia consciente es lo llamamos amor, también se llama comprensión.

Es por ello que cuando esa batalla entre egos empieza a resolverse en comprensión también hay un aumento de amor en la situación y la amistad será restaurada. 

(Pasaje extraído del Encuentro de Abril de 2014. Disponible en "Descargas").

Citas VIII


En el corazón de la experiencia, hay un fuego que quema todo lo que conocemos. Ofrécelo todo a este fuego. Lo que queda -las cenizas del amor- es eso que hemos anhelando toda la vida.

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El yo separado no puede soportar la luz brillante pero suave de la contemplación desapasionada.

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Es sólo un pensamiento que surge y está hecho de Presencia consciente el que imagina que yo, Presencia consciente, comparto los límites y el destino del cuerpo y de la mente. Con este pensamiento se vela el conocer de nuestro propio Ser tal como es y empieza la búsqueda de la felicidad.

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Es sólo la actividad de pensar y sentir que hace que parezca que somos algo distinto de la Presencia consciente abierta, vacía e ilimitada, pero incluso esta actividad tiene lugar y está hecha de Presencia consciente solamente.

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No salgas en busca de los objetos de la mente, el cuerpo y el mundo; por el contrario, permanece como Presencia consciente permitiendo que todo acuda a ti. Tú, Presencia consciente, nunca vas a ningún sitio ni haces nada.

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Nuestro único conocimiento de la mente, el cuerpo o el mundo es nuestra experiencia de ellos y no hay ninguna sustancia presente en nuestra experiencia que no sea la Presencia consciente en la que aparece y mediante la cual se conoce. Así, todo lo que siempre se conoce es Presencia consciente misma, y es la Presencia consciente la que se conoce a sí misma como tal.

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El pensar imagina que nuestro yo, Presencia consciente, comparte los límites y el destino de la mente y el cuerpo. Con esta creencia, un yo imaginario viene a la existencia aparente, en cuyo nombre tienen lugar la mayoría de pensamientos, sentimientos, actividades y relaciones posteriores.

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La mente y el cuerpo están siempre de viaje, moviéndose y cambiando, pero Tú, el que es consciente de todos estos movimientos y cambios, no viajas con ellos. No compartes su destino ni sus límites. Nunca te conviertes en lo que ellos parecen ser.

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El yo que busca la felicidad es como una ola que busca agua.

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La mayor parte de nuestra vida hemos estado sirviendo a un yo fantasma que imaginamos y sentimos que está dentro del cuerpo, pero cuando miramos ahí, no encontramos ese yo, solo encontramos un conjunto de sensaciones.

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Conocerse como “algo” es una posición de ignorancia; conocerse como “nada” es una posición de comprensión; conocerse como “todo” es una posición de amor.

La primera división de la experiencia


A veces la experimentación toma la forma de un pensamiento en particular, un pensamiento que imagina que la experiencia no es una única sustancia, sino que está dividida en dos partes esenciales: un sujeto que conoce o experimenta y un mundo que es conocido o experimentado.

El sujeto es conocido como "yo" -estoy hablando del yo separado en este caso- mientras que el mundo experimentado "no soy yo". Este pensamiento parece dividir la experiencia en dos partes separadas que se considera que se relacionan por medio de un acto de conocer, sentir o percibir. Con esta creencia, la continua intimidad de la experiencia pasa a estar velada, y con ello también el amor que es la condición natural de toda experiencia.

En este momento parece nacer algo distinto de la conciencia. En vez de sentir que nuestro yo imbuye toda la experiencia de la misma manera, ahora sentimos que nuestro yo imbuye solamente el pequeño fragmento de experiencia que es el cuerpo y la mente.

De esta manera nuestro yo-conciencia aparentemente se contrae dentro del cuerpo y la mente, y el mundo parece estar proyectado fuera.

Esta es la primera división de la experiencia en dos entidades aparentes -el yo y el mundo- que vela u oculta la condición natural de toda experiencia: el amor. Por este motivo el imaginario yo interior tiene siempre la misión de obtener el amor en el imaginario mundo exterior.

La aparente separación de la experiencia en dos partes esenciales es semejante a imaginar que una pantalla se divide en dos cuando dos imágenes aparecen en ella, una al lado de la otra. Si el pensamiento imagina que la pantalla se halla contenida en una sola de las imágenes, tendrá que imaginar también una sustancia que "no sea la pantalla", de la cual esté hecha la segunda imagen.

Así es exactamente como el "yo" y el "no yo" son imaginados por el pensamiento y superpuestos a la continua intimidad de la experiencia. El pensamiento imagina que nuestro yo-presencia consciente no imbuye toda la experiencia del mismo modo, sino que tan solo imbuye una pequeña parte de ella -o es íntimamente uno con una parte de ella-. Esta pequeña parte, el cuerpo y la mente, se convierten en el "yo" separado.

(Pasaje extraído del libro "Presencia. El arte de la paz y la felicidad".) Disponible en "Editorial Sirio".

Citas VII


Permite que los pensamientos y sentimientos habiten en ti, pero no habites tú en ellos.

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Yo, la luz del puro conocer, soy para la experiencia lo que la pantalla es para la imagen.

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Como entidad separada, uno siempre se siete solo y, por tanto, la vida es un proceso para aliviar el dolor de esta soledad a través de sustancias, objetos, actividades y relaciones. Como Presencia consciente, uno está también solo pero solo en el sentido de que no hay otros de los que estar separado o con los que formar una unidad. Esta es la soledad del amor.

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El propósito último de la evolución es llevar la atención a eso que no evoluciona.

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Los cuerpos y las mentes no tienen Presencia consciente; la Presencia consciente tiene cuerpos y mentes.


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En la parte posterior de la mente hay una puerta con las palabras 'Yo soy' escritas encima. Primero, gírate hacia la puerta; luego, atraviésala. Girarse hacia ella es una actividad de la mente; atravesarla es la disolución de la mente. Esa disolución es la revelación de nuestra naturaleza esencial de Presencia consciente ilimitada y siempre presente, la morada de la paz, la felicidad y el amor.

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La Presencia consciente observa; el pensamiento juzga.


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Todo amor es para el Ser; todo anhelo es para un objeto.

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Hay dos respuestas posibles al sufrimiento: una, ir hacia fuera buscando alivio en un objeto, una sustancia, una actividad, una relación o un estado; la segunda, ir hacia dentro, al núcleo del Yo. La primera puede traer un alivio temporal, pero la segunda es la morada de la paz y la felicidad duraderas.


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La felicidad aparece como deseo cuando está velada; el deseo se revela como felicidad cuando se satisface.


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En la ignorancia, soy lo conocido; en la comprensión, soy el conocedor; en el amor, soy puro Conocer.

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Como testigo de la Presencia consciente, nos situamos en el trasfondo de la experiencia; como la luz del puro Conocer, nos situamos en su corazón.

Citas IV


Desde un punto de vista, la mente, el cuerpo y el mundo velan la presencia de la Presencia consciente, pero desde otro brillan con ella; al igual que una imagen en la pantalla puede ser vista o bien como velando la pantalla o mostrándola.

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La Realidad brilla como Presencia consciente en el Yo, y como Existencia en el mundo.

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Sólo un yo aparentemente interior conoce una persona, objeto, otro o mundo aparentemente exteriores, pero Yo, la luz del puro Conocer, solo me conozco a Mí mismo.

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Todo pertenece a todo; todos pertenecemos a todos.

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Nuestro Yo, la luz del puro Conocer, nunca encuentra, conoce o entra en contacto con otra cosa que no sea sí mismo. Ésta es la experiencia del amor y la belleza.

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Cuando el deseo se libera de la necesidad de producir felicidad para un yo no existente, se revela como un juego de energías que expresan, comparten y celebran la felicidad misma.

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El pensar, sentir y percibir están hechos de puro Conocer, pero el Conocer no está hecho de pensar, sentir o percibir

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No dejes que el pensamiento divida el amor entre el amante y el amado, el sentir entre el que siente y lo sentido, el ver entre el que ve y lo visto, el oír entre el que oye y lo oído, el tocar entre el que toca y lo tocado, el saborear entre el que saborea y lo saboreado, el oler entre el que huele y lo que huele, o el pensar entre el pensador y un pensamiento.

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Como el trasfondo que atestigua toda experiencia, nuestra naturaleza esencial de pura Presencia consciente está intrínsecamente libre de todo, como sustancia de toda experiencia, es íntimamente una con todo.

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Desde el punto de vista del pensamiento finito, todas las cosas son finitas. Desde el punto de vista de Mí mismo, Presencia consciente infinita, todas las cosas aparentes son infinitas.

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La felicidad y la entidad separada se excluyen mutuamente.

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El amor es la condición natural de toda la experiencia antes que el pensamiento la divida en múltiples y diversos de objetos, “yoes” y otros.

La memoria de nuestra eternidad


(Fragmento de una meditación de Rupert Spira en un retiro en California, Junio 2014)

Rupert Spira: Todos los seres aparentemente separados conservan dentro de sí la memoria de su propia eternidad. Esta memoria de nuestro propio e infinito Ser se expresa como el deseo de alcanzar la paz, la felicidad o el amor.

Dondequiera que se encuentre una paloma mensajera, siempre puede encontrar su camino de regreso a casa. Ella se guía por la memoria que le indica en dónde está su hogar. Nada puede oscurecer esta memoria. Del mismo modo, ninguna experiencia tiene la capacidad de oscurecer la memoria de nuestro eterno e infinito Ser.

La búsqueda de nuestra felicidad es la fuerza gravitacional de nuestro Ser. El yo separado cree que su búsqueda de la felicidad es algo que él está llevando a cabo. ¡No es así! La búsqueda de la felicidad es sólo el yo aparentemente separado registrando la fuerza gravitacional desde las profundidades de su propio Ser. Esa energía - la fuerza gravitacional que todos sentimos como el deseo de alcanzar la paz, la felicidad o el amor - es gracia.

La gracia no es una experiencia extraordinaria que sucede de vez en cuando en nuestras vidas. Es la fuerza constante de nuestro Ser más íntimo invitándonos a volver a sí mismo.

Esta fuerza gravitacional que reside en las profundidades de nuestro Ser es experimentada, por la mayoría de la gente, como el deseo de alcanzar la paz, la felicidad o el amor. Es experimentada por un científico como el deseo por adquirir conocimiento y por un artista como el deseo por la belleza. Todas estas formas de deseo son la misma fuerza gravitacional apareciendo en diferentes ámbitos de la experiencia. Es la fuerza de la Consciencia infinita ejerciéndose a sí misma en la mente finita, haciendo que ésta se repliegue.

¿Por qué Dios permite el sufrimiento?

Entrevista a Rupert Spira


Una entrevista con Rupert Spira por Paula Marvelly 

Paula Marvelly: ¿Podrías dar una breve biografía de tu vida hasta la edad de 16 años? 

Rupert Spira: Provengo de una gran familia entrañable. Mis padres eran amables y cariñosos y dieron todo lo que pudieron, de muy distintas formas, a sus hijos. Mi infancia fue esencialmente feliz y libre. Mis padres se separaron cuando yo tenía seis años y viví con mi madre en Hampshire. Sin embargo, también veía mucho a mi padre. Mi madre es excéntrica, artística y tiene un profundo interés en las cosas espirituales; y mi padre es más mesurado y convencional. Aprendí mucho de ambos. 

PM: Has dicho que a los 16 años comenzaste a meditar. ¿Hubo algo específico -un acontecimiento tal vez- que precipitó una cosa así? 

RS: A la edad de 15 años estaba desencantado con la vida hacia la que mi formación científica me estaba preparando. En la misma época vi una exposición de la obra de Michael Cardew, que agitó mi imaginación más allá de todo lo que previamente había encontrado. También comencé a leer a Rumi y Shankaracharya que despertaron en mí el sentido de una nueva posibilidad completamente. 

PM: Dices que empezaste a leer a Rumi, Gurdjieff, Ouspensky, Krishnamurti, Ramana Maharshi, Nisargadatta Maharaj y Shankaracharya, entre otros. 

RS: De alguna manera, tenía la profunda intuición de que lo que estaba leyendo era cierto. Sus palabras resonaban profundamente dentro de mí y encendieron un intenso deseo de saber por mí mismo de lo que estaban hablando. 

PM: Has dicho que querías hacer una carrera de ciencias, pero que sentías que ese no era el camino correcto a seguir. ¿Por qué era así? ¿Qué había en la ciencia que no te gustaba? 

RS: No fue tanto un rechazo de la ciencia sino una atracción por el arte. El arte parecía comprometer todo mi ser, no sólo mi intelecto. Sentía que el arte me proporcionaba los medios para explorar y expresar los reinos más profundos de la experiencia de una manera que la ciencia no podía. 

PM: Fuiste a la escuela de arte. ¿Hubo alguna disciplina en particular que te inspiró -alfarería y cerámica probablemente- y por qué? 

RS: Primero vi la obra de Michael Cardew y, más tarde, piezas de las primeras tradiciones cerámicas de China, Corea, Japón y Persia. En ese momento mi respuesta fue instintiva e inarticulada, sólo un inconfundible "Sí" desde el fondo de mi ser. Estos objetos eran como condensaciones de la Inteligencia, el Amor y la Belleza. Me pasaba horas en los museos mirándolos. A veces sentía que mi cuerpo se disolvía frente de ellos. Era exactamente la misma experiencia que tuve muchos años más tarde con mi maestro en satsang. 

PM: Usted pasó varios años en la Sociedad de Estudios, creada por el Dr. Francis Roles, bajo la guía de Su Santidad Shantananda Saraswati, el Shankaracharya del Norte. ¿Qué filosofía/enseñanza aprendió allí y de qué le sirvió? 

RS: Cuando llegué a La Sociedad de Estudios los últimos remanentes de la enseñanza de Ouspensky estaban cediendo el paso en favor del Advaita Vedanta de Shankaracharya, que se consideraba que había sido la fuente de las enseñanzas de Ouspensky. 

Me sumergí en la enseñanza y también aprendí los Movimientos de Gurdjieff y el Giro de Mevleví (Derviches giradores) -hermosas prácticas contemplativas de movimiento. Estas enseñanzas fueron mi hogar- yo vivía en ellas y ellas vivían en mí. 

PM: Después de dejar la escuela de arte, trabajaste como artista para ganarte la vida. Dices que creías que la Belleza estaba vinculada a la espiritualidad y que era una manera de poder traer ese concepto a la vida. Me recuerda los versos de Keats: "La Belleza es verdad y la verdad Belleza"
Esto es todo lo que sabes en la tierra, y todo lo que necesitas saber. ¿Podrías extenderte sobre esto? 

RS: Nuestra experiencia aparentemente objetiva consiste en pensamientos, sensaciones y percepciones, es decir, la mente, el cuerpo y el mundo. Cuando la Consciencia "toma la forma" del pensar, parece ser un pensamiento. Cuando "toma la forma" del sentir, parece ser un cuerpo y cuando "toma la forma" del percibir, parece ser un objeto, otros o el mundo. 

Citas III


El pensamiento tiene su hogar en Mí, Presencia consciente, pero yo no tengo mi hogar en él.

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Todo lo que conocemos lo conocemos a través de la Presencia consciente; por tanto, nuestro conocimiento de algo solo puede ser tan bueno como nuestro conocimiento de la Presencia consciente. Si creemos que la Presencia consciente es limitada, la experiencia aparecerá de acuerdo con esa creencia, como una sucesión de objetos y yoes limitados y finitos. Si comprendemos que la Presencia consciente es eterna e infinita, todo y todos se revelarán de la misma manera.

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'Yo' significa indivisible, infinito, íntimo e inocente. Es la substancia de toda experiencia.

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Nuestra naturaleza esencial de pura Presencia consciente no tiene planes con la mente, el cuerpo o el mundo. Es como el espacio vacío, totalmente permisible e indiferente a lo que ocurra dentro de él. Sin embargo, no es una indiferencia fría y distante: ofrece su substancia total e íntimamente a todo lo que aparece dentro de sí. Por ello, es una indiferencia amorosa. Sé conscientemente esta indiferencia llena de amor.

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El yo separado es el rechazo del Ahora. Yo, Presencia consciente, estoy enamorado del Ahora. De hecho, soy el Ahora.

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Toda aparición es un acto de creación impersonal. El ver esto claramente, nos libera de cualquier sentimiento de culpa, juicio o responsabilidad personal. No obstante, esta comprensión no conduce a un comportamiento irresponsable o vacío de amor. Por el contrario, permite que la mente o el cuerpo funcionen en nombre del amor y la inteligencia impersonales, en lugar de representar los miedos y las demandas de un yo no existente.

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El yo separado no puede experimentar la felicidad


Rupert Spira: Algunos de nosotros nos confundimos, nos tomamos por una amalgama de pensamientos, sentimientos y percepciones. Algunos de nosotros nos confundimos con un cuerpo y una mente.  Como resultado del olvido de nuestra verdadera naturaleza, sentimos: "yo estoy disgustado, yo estoy en cólera, yo no entiendo esto, me gusta esto, a mí no me gusta esto otro…”  Todos estos pensamientos, todos estos sentimientos, son el resultado de confundirnos, tomarnos por una amalgama, un racimo de pensamientos y sentimientos.

Lo que es interesante, cuando nos tomamos por un yo separado, es darnos cuenta que ese yo separado siempre tiene una misión, un propósito. ¿Qué es lo que el yo separado siempre está buscando?... Paz, felicidad y amor. En otras palabras, el yo separado siempre está anhelando ser disuelto, desaparecer. Siempre está anhelando volver al verdadero ser de la presencia consciente. 

Interlocutor: Por un lado dices "siempre está anhelando disolverse, volver a lo que esencialmente es"; pero por otro lado, también hay una resistencia a desaparecer.

Rupert Spira: El yo separado es como una mariposa, una polilla que busca la llama. La llama es todo aquello que anhela, pero cuanto se aproxima, está más y más caliente, y la mariposa piensa: “Oh, Oh, Voy a morir” La mariposa tiene razón, va a morir. En otras palabras, la única manera como la mariposa puede experimentar la llama, es muriendo en ella. Es decir, la experiencia de la llama es la muerte de la mariposa. 

El yo separado es el oscurecimiento, el velo de la felicidad porque la paz y la felicidad son nuestra verdadera naturaleza. Cuando imaginamos que somos otra cosa que la presencia consciente, la paz y felicidad que son inherentes a nuestro ser, parecen perderse, y es por ello que el yo separado siempre está buscando la felicidad.