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El Eterno Ahora


Toda experiencia tiene lugar ahora.

El ahora es concebido normalmente como una fracción de tiempo intercalada entre dos lapsos inacabables, el pasado y el futuro. En otras palabras, el ahora es considerado un momento que dura un instante ―de ahí la expresión "el momento presente"― que se mueve a lo largo de una línea de tiempo.

El ahora es sin duda conocido o experimentado. Pero ¿y el tiempo?

El tiempo es la duración entre dos eventos. Por ejemplo, aparentemente transcurren veinticuatro horas entre el desayuno de hoy y el de mañana. Pero ¿cuál es en realidad nuestra experiencia de esta duración? ¿Cuál es nuestra experiencia del desayuno que hemos tomado esta mañana en este momento?

Es solamente un pensamiento o una imagen. Y el desayuno de mañana es también solamente un pensamiento o una imagen. Todos los pensamientos e imágenes tienen lugar ahora; nunca en un pasado o en un futuro. Esto es, no tenemos ninguna experiencia real del desayuno de hoy o del de mañana. Experimentamos pensamientos o imágenes del desayuno, pero estos tienen lugar ahora.

El tiempo en el cual creemos que el desayuno de hoy ha tenido lugar y el tiempo en el cual el desayuno de mañana se cree que tendrá lugar son imaginados. Nunca son experimentados.

Cuando tiene lugar la experiencia real del desayuno es ahora. Y cuando tiene lugar el pensamiento sobre el desayuno también es ahora.

Así pues, lo único que conocemos verdaderamente es el ahora; en realidad nunca conocemos el pasado o el futuro. Y si no conocemos el pasado ni el futuro, ¿cómo podemos conocer el tiempo? ¡Es imposible!

Del mismo modo, si no conocemos el tiempo, ¿cómo sabemos que el ahora en el que está teniendo lugar la experiencia actual no es el mismo ahora en el que tiene lugar toda experiencia? ¿Cómo sabemos que el ahora en el que tuvimos nuestra primera experiencia como recién nacidos no es el mismo ahora en el que están apareciendo estas palabras?

Es tan solo un pensamiento el que nos dice que este ahora es diferente de aquel ahora. Y dicho pensamiento está manifestándose en este momento. Sencillamente, ¡no podemos evitar el ahora! No está presente ningún otro tiempo en el que pueda existir otro ahora.

Cuando el Yo es despojado del yo, solo el Yo permanece


Interlocutor: ¿En la comprensión se produce un traspaso de identidad de ser el cuerpo-mente a reconocerse como presencia? 

Rupert Spira: Sí, aunque no es realmente una transferencia de identidad, aunque entiendo porqué dices esto. Déjame que intente darte una metáfora que indica el proceso de manera más clara. 

Vamos a ir a mi metáfora favorita de la pantalla y la imagen. Lo realmente importante es comprender que esta pantalla no está siendo observada por alguien sentado en un sofá, sino que la pantalla misma es consciente. La película está apareciendo en la pantalla y la pantalla está mirando la película. En otras palabras, es una pantalla que es consciente de sí misma. En esta metáfora la pantalla es la presencia consciente y es inherentemente vacía, transparente y no tiene límite alguno; así que es una pantalla de televisión sin marco sin ningún límite. 

Aparece una imagen en la pantalla y esta imagen parece que la limita. La pantalla ya no es vacía y transparente, es verde y azul porque aparece un paisaje. Ahora más que una pantalla en dos dimensiones parece un paisaje tridimensional; la pantalla bidimensional y transparente parece que ha desaparecido, parece que se ha convertido en un paisaje lleno de color y en tres dimensiones. 

Imagínate que hay unos amigos que están paseando por este paisaje y le preguntamos a uno de ellos: “¿Qué es lo que ves?” El personaje describirá campos, montañas, ríos, árboles... En otras palabras, desde el punto de vista limitado de uno de los personajes de la película su experiencia consistirá en una diversidad y multiplicidad de objetos; el personaje no puede ver la pantalla aunque está hecho de ella. 

Debido a que el personaje en la película no es consciente de que está hecho de pantalla -en otras palabras, ha olvidado su verdadera naturaleza- viaja por el mundo buscando la felicidad. 

Lo que está buscando es su verdadera naturaleza: la pantalla, la sustancia de la que su experiencia presente está constituida. 

Este personaje viaja a través del mundo buscando paz y felicidad, y se frustra. Adquiere unos cuantos objetos, tiene unas cuantas relaciones -que temporalmente parecen darle lo que cree que quiere- pero después de un cierto tiempo le decepcionan de nuevo. Y otra vez parte en busca de felicidad y amor; siempre en busca de un objeto, un estado o una relación que le harán feliz. 

Cuando el mundo le ha decepcionado suficientemente, entonces, toma la vía espiritual. Encuentra un maestro que le da muchas prácticas que hacer. Empieza a meditar, tiene todo tipo de experiencias maravillosas y estas experiencias, como los objetos de antes, le dan una cierta medida de paz y felicidad. Pero estos bellos estados de expansión de la mente eventualmente desaparecerán, al igual que los objetos y las relaciones, y lo dejan ahí donde estaba: en búsqueda de paz y felicidad. 

Un día, este personaje se encuentra con la vía directa que no le aporta nada que hacer en el dominio de la mente, el cuerpo o el mundo; y que le dice: “Tú eres ya la pantalla que estás buscando, estás hecho de la sustancia de aquello que anhelas”. Y llegado un momento el personaje hace la misma pregunta que tú acabas de hacer: ¿cómo puedo cambiar mi identidad de personaje a ser la pantalla? 

No es un cambio de identidad, no dejamos de ser un personaje y empezamos a ser presencia consciente infinita. Es más bien como una disolución de todas las creencias y sentimientos que nos hacían sentir que éramos el personaje y no la pantalla.

Incluso cuando pensamos y sentimos que somos un yo separado siempre somos  presencia consciente eterna e infinita. Es el pensamiento quien superpone un límite a nuestra presencia consciente eterna e infinita haciendo que parezca algo que no es. De la misma manera que la aparición de la imagen en la pantalla hace que la pantalla, en dos dimensiones, parezca un paisaje tridimensional. En India la imagen tradicional es la de una cuerda que parece ser una serpiente. 

¿Por qué parece ser un paisaje tridimensional y no una pantalla en dos dimensiones? ¿Por qué parece una serpiente y no una cuerda? Porque no miramos lo suficiente de manera clara y honesta. 

Todo lo que estamos haciendo aquí es mirar de manera honesta a lo que somos. Vamos a la pantalla y la tocamos, y encontramos en nuestra propia experiencia, de qué está constituida. Cuando hacemos esto no encontramos árboles, campos, montañas y cielo; encontramos pantalla transparente, abierta y vacía. Cuando vamos al corazón de nosotros mismos, de nuestro ser, no encontramos un paquete de pensamientos, sensaciones, sentimientos y percepciones; encontramos presencia consciente, abierta, transparente y vacía. 

En realidad, no hay una transferencia de identidad. No es que, de repente, nos convirtamos en un nuevo ser, en un nuevo yo. 

Es por esto que Ramana Maharshi dijo: “Cuando el Yo es despojado del yo, solo el Yo permanece”. Cuando el único y verdadero Yo de presencia consciente es despojado de todas las creencias y sentimientos que el pensamiento superpone sobre él, entonces, permanece como lo que eternamente es. 

(Pasaje del Encuentro de Febrero de 2013. Disponible en "Descargas")


Citas X


Pasar de la creencia, yo soy algo, a la comprensión de que no soy nada es el camino de exclusión: no soy esto, no soy esto, no soy esto. Pasar de la comprensión de que no soy nada al sentimiento-comprensión, que todo lo abarca, de que yo soy todo, es el camino de inclusión: yo soy esto, yo soy esto, yo soy esto. El primero es el camino de comprensión, el segundo el camino de amor.

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Todo lo que se conoce es el conocer de la experiencia y Yo, Presencia consciente, soy ese conocer.

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Yo, Presencia consciente, no puedo iluminarme. Ya soy la luz que ilumina toda experiencia. Tampoco un yo separado puede iluminarse porque cuando el yo separado se enfrenta a la luz; desaparece, al igual que una sombra cuando se expone al sol.

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El yo separado es un punto de vista; Yo, Presencia consciente, soy el ver.

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La ignorancia solo es ignorancia desde el punto de vista ignorante de la ignorancia. El yo separado solo es un yo separado desde el punto de vista imaginario de un yo separado.

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El sol no puede conocer la oscuridad, de la misma manera Yo, Presencia consciente, no puedo conocer la ignorancia. Por tanto, para Mí no hay ignorancia, ni yo separado, ni objeto, persona o mundo separados. Todo esto es para el pensamiento, no para Mí.

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El yo separado es como espacio atrapado en una red, aparentemente limitado, pero no realmente.

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El yo interior separado siempre tiene un punto de vista. De hecho, el yo interior separado es un punto de vista. Sin embargo, Yo, Presencia consciente, no tengo un punto de vista. Yo soy el ver.

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La creencia de que somos un yo separado crea el sentimiento de que hay un objeto, una persona o un mundo separados. Cuando se ve claramente que el yo interior no existe, también se ve que no existe el mundo tal como parecía existir. Todo lo que queda es la intimidad continua de la experiencia, que se conoce como amor.

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El pensamiento imagina que yo, Presencia consciente, comparto los límites y el destino de la mente y el cuerpo. Con esta creencia, surge la aparente existencia de un yo temporal, en cuyo nombre se llevan a cabo la mayoría de pensamientos, sentimientos, actividades y relaciones subsiguientes. 

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El yo separado no es una entidad; es una actividad - la actividad de resistirse a lo que está presente y de buscar lo que no está presente.

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Yo, Presencia consciente, no puedo iluminarme. Ya soy la luz que ilumina toda experiencia. Tampoco puede iluminarse un yo separado porque cuando un yo separado se encuentra ante la luz, desaparece, al igual que una sombra cuando se expone al sol.

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Citas IX


De “yo soy algo” a “yo no soy nada” podría denominarse el camino de la comprensión o sabiduría, de “yo no soy nada” a “yo soy todo” podría denominarse el camino del amor. Pero en ningún momento una entidad separada progresa por este camino.

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El tiempo es el ahora eterno visto a través de la estrecha rendija de la mente.

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Como trasfondo observador de toda experiencia, estamos intrínsecamente libres de todas las cosas; como substancia de toda experiencia, somos íntimamente uno con todas las cosas.

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En todo momento y bajo toda circunstancia, Yo, Presencia consciente, estoy libre y soy simultáneamente una con todas las experiencias

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Todo deseo busca solamente el fin del deseo.

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Toda experiencia es sin costuras e íntima. Solo es el pensamiento el que la divide en dos, creando un yo interior imaginario que experimenta y su corolario, el objeto, persona o mundo exterior que es experimentado. Pero esta división de la experiencia no tiene lugar en ningún momento.

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El pensamiento que busca felicidad está hecho ya de eso que busca.

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La felicidad es simplemente el conocimiento de nuestro propio ser tal como es.

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Estar presente en y como todo lo que se ve, es participar en la vida no como un fragmento entre otros fragmentos, sino como amor, íntimamente uno con todas las cosas.

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La creencia de que somos un yo interior crea la ilusión de que hay un objeto, una persona o un mundo exteriores. Cuando se ve claramente que el yo interior no existe; el mundo, tal como parecía ser, también se ve como no existente. Todo lo que queda es la intimidad continua de la experiencia que a veces se conoce como amor.

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Presta tu atención a la experiencia de ver en lugar de prestarla al objeto visto y te encontrarás a ti mismo en todas partes.

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El yo separado es el rechazo del ahora.

El Jardín de lo Desconocido


Si exploramos la Consciencia, encontramos que no tiene cualidades objetivas. Y aún así, es lo que en lo más íntimo, conocemos que somos. Es a lo que nos referimos con el "yo".

Y si exploramos el "yo" encontramos que está hecho de...

Los conceptos abstractos de la mente se colapsan aquí. No pueden ir más allá. No existe ningún nombre adecuado para eso en lo que la mente se disuelve. Todo esto nos lleva a la mayor simplicidad de la experiencia directa.

Esta des-objetivización es el proceso de la aparente involución a través de la cual Eso-Que-No-Puede-Ser-Nombrado retira su proyección de la mente, del cuerpo y del mundo, y redescubre que es la única sustancia de la impecable totalidad de la experiencia.

Entonces, Eso-Que-No-Puede-Ser-Nombrado, el Vacío Absoluto, en donde la mente colapsa, se proyecta de nuevo, dentro de sí mismo, a través del mismo camino de aparente objetivación, para recrear la apariencia de mente, cuerpo y mundo.

Eso-Que-No-Puede-Ser-Nombrado, y a lo que a veces llamamos "yo", Consciencia, Ser, Cognición, toma la forma de pensamiento, de sensación o de percepción con el fin de aparecer como la mente, el cuerpo o el mundo.

Este es el proceso de evolución aparente a través del cual Eso-Que-No-Puede-Ser-Nombrado da nacimiento a una mente, a un cuerpo y a un mundo, sin haber tenido que convertirse en algo diferente a sí mismo.

Este proceso de evolución e involución es la danza de la Unidad, es Eso-Que-No-Puede-Ser-Nombrado tomado una forma y disolviéndose, vibrando en cada matiz de experiencia y disolviéndose en sí mismo, transparente, abierto, vacío y luminoso.

La mente intenta describir las modulaciones de este vacío manifestándose como la totalidad de la experiencia y esta totalidad se reconoce a sí misma como el vacío, sabiendo todo el tiempo que es en vano.

La mente describe los nombres y las formas a través de lo que Eso-Que-No-Puede-Ser-Nombrado refracta con el fin de aparecer como dos, como muchos, para que la Consciencia/Ser aparezca como Consciencia y Ser.

Y a través de utilizar los mismos nombres y formas, la mente describe el proceso aparente a través del cual Eso-Que-No-Puede-Ser-Nombrado descubre que nunca se convierte en nada, que siempre ha sido sí mismo y sí mismo y sí mismo.

Cada declaración que se hace aquí es provisionalmente cierta en relación a una declaración, pero falsa en relación a otra. Sin embargo, nunca será absolutamente cierta.

El propósito de cada declaración es indicar la falsedad de la anterior, esperando que desaparezca inevitablemente en el momento adecuado.

Cada una es un agente de la Verdad, pero nunca la verdad.

La mente, en el sentido más amplio de la palabra, está hecha de conceptos y apariencias. Jamás abarca ni comprende la Realidad.

Sin embargo, hablando de esta manera, la mente está siendo utilizada para crear evocaciones más que descripciones de la experiencia de la Consciencia conociéndose a sí misma.

Estas evocaciones son expresiones temporales de Eso-Que-No-Puede-Ser-Nombrado, como flores que brotan por un momento, dispersando el aroma de su origen en el Jardín de lo Desconocido.

(Pasaje extraído de "The Transparency Of Things. Traducción de Tarsila Murguía)

Fuente: Advaitainfo.  

El "Yo" de cada uno de nosotros es el infinito "Yo" de Dios





Una charla sobre la sensación de “yo”.

Nadie que se haya percatado de su verdadera naturaleza se comporta de forma irresponsable hacia los otros. ¿Por qué? Porque cuando reconocemos nuestra verdadera naturaleza nos damos cuenta de que es la verdadera naturaleza de todos y de todo lo demás.

Reconoce que lo que eres esencialmente es lo que todos y todo esencialmente son, y permite que eso guíe todos tus pensamientos, sentimientos, actividades y relaciones.



Traducción y subtítulos: http://diegomerinotraducciones.com

Vídeo original del Canal Principal Rupert Spira: "The 'I' of Each of Us is God's Infinite 'I'" (https://www.youtube.com/watch?v=RWnMEMijWBg)

Citas VII


Permite que los pensamientos y sentimientos habiten en ti, pero no habites tú en ellos.

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Yo, la luz del puro conocer, soy para la experiencia lo que la pantalla es para la imagen.

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Como entidad separada, uno siempre se siete solo y, por tanto, la vida es un proceso para aliviar el dolor de esta soledad a través de sustancias, objetos, actividades y relaciones. Como Presencia consciente, uno está también solo pero solo en el sentido de que no hay otros de los que estar separado o con los que formar una unidad. Esta es la soledad del amor.

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El propósito último de la evolución es llevar la atención a eso que no evoluciona.

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Los cuerpos y las mentes no tienen Presencia consciente; la Presencia consciente tiene cuerpos y mentes.


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En la parte posterior de la mente hay una puerta con las palabras 'Yo soy' escritas encima. Primero, gírate hacia la puerta; luego, atraviésala. Girarse hacia ella es una actividad de la mente; atravesarla es la disolución de la mente. Esa disolución es la revelación de nuestra naturaleza esencial de Presencia consciente ilimitada y siempre presente, la morada de la paz, la felicidad y el amor.

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La Presencia consciente observa; el pensamiento juzga.


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Todo amor es para el Ser; todo anhelo es para un objeto.

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Hay dos respuestas posibles al sufrimiento: una, ir hacia fuera buscando alivio en un objeto, una sustancia, una actividad, una relación o un estado; la segunda, ir hacia dentro, al núcleo del Yo. La primera puede traer un alivio temporal, pero la segunda es la morada de la paz y la felicidad duraderas.


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La felicidad aparece como deseo cuando está velada; el deseo se revela como felicidad cuando se satisface.


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En la ignorancia, soy lo conocido; en la comprensión, soy el conocedor; en el amor, soy puro Conocer.

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Como testigo de la Presencia consciente, nos situamos en el trasfondo de la experiencia; como la luz del puro Conocer, nos situamos en su corazón.

Citas V


El yo que busca la Presencia consciente es como la sombra que busca el sol.

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Cada vez que nos encontramos reaccionando ante alguien o algo, preguntémonos en nombre de quién estamos reaccionando. Casi siempre encontraremos que es en nombre de un yo no existente.

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Toda la experiencia sucede en nuestro Yo, Conciencia pura, y todo lo que hay en nuestro Yo, de lo cual puede estar hecha la experiencia, es nuestro Yo. Por tanto, así como en una película no está presente nada más que la pantalla, de la misma manera en la experiencia no está presente nada más que nuestro Yo. La Consciencia pura es toda es toda experiencia y toda experiencia es Consciencia pura.

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Es nuestro Yo, Presencia consciente luminosa, abierta y vacía, el que proporciona a la experiencia su inconfundible realidad. Lo que verdaderamente conocemos y amamos en toda experiencia es la realidad de la Presencia consciente. Es eso sólo lo que anhela el yo aparentemente separado.

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Yo, la luz del puro Conocer, no conozco ni puedo conocer ninguna otra cosa que no sea Yo mismo.

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Para el pensamiento, el conocimiento de un objeto tiene lugar "aquí" y el ser o la existencia de un objeto tiene lugar "allá". Pero para la Presencia consciente, Conocer y Ser son uno.
Si sustituimos el impulso de evitar las sensaciones incómodas por un deseo de afrontarlas y explorarlas en profundidad, en su núcleo encontraremos exactamente aquello que estábamos buscando al intentar evitarlas.

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No te localices en ningún lugar; encuéntrate en todas partes.

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Individualidad significa no dividido. Es la expresión exclusiva de la totalidad no dividida que se expresa en cada cuerpo y mente, y que florece cuando nos liberamos de la camisa de fuerza de la ignorancia – es decir, cuando dejamos de ignorar nuestra naturaleza esencial de Presencia consciente pura.

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La felicidad es simplemente permitir que todo sea exactamente como es instante a instante.

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Desde el punto de vista limitado de un cuerpo, nuestra naturaleza esencial de Presencia consciente pura parece limitada; desde el punto de vista temporal de una mente, parece temporal; en la ausencia de un punto de vista, es como es, ni limitada, ni temporal.

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La mente que busca la felicidad es como una ola que busca agua.

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La seguridad y la felicidad no se pueden encontrar en nada que aparezca y desaparezca. Encuentra aquello que en tu experiencia no aparece, se mueve, cambia o desaparece, e invierte tu identidad, seguridad y felicidad solo en ello.

El elemento común a toda experiencia


Rupert Spira: Permite que tu experiencia sea tal como es, instante tras instante. Sin ningún intento por cambiarla o manipularla. 

Por “experiencia” me refiero a pensamientos, ideas, imágenes, memorias, sentimientos, sensaciones y percepciones del mundo; quiero decir: vistas, sonidos, gustos, sensaciones táctiles y olores.

Simplemente deja que el espectro completo de la experiencia aparezca ante ti, instante tras instante y exactamente tal como es. De todas formas eso es lo que la experiencia ya hace, así que no se requiere un esfuerzo especial de ningún tipo para hacerlo.

De hecho, no es un “hacer”, es un permitir a la experiencia ser lo que es instante tras instante.

Ve, de manera clara, que para tener una experiencia tenemos que ser conscientes de ella; tómate algún tiempo para verificar que esto es así, que es cierto en tu propia experiencia y sea lo que sea que experimentes te dices a ti mismo: “soy consciente de esta experiencia”.

Por ejemplo, toma el pensamiento presente y te dices: “soy consciente de este pensamiento”.

Toma una imagen, por ejemplo, la imagen de tu casa y te dices: “soy consciente de esta imagen”.

Toma la memoria, por ejemplo, de algo que ocurrió hace dos años y te dices a ti mismo: “soy consciente de esta memoria”.

Toma la sensación de hormigueo en la planta de tus pies: “soy consciente de esta sensación”.

Toma el sonido del ventilador en el fondo: “soy consciente de ese sonido”.

Simplemente deja que tu atención vague libremente por toda tu experiencia y sea lo que sea que encuentres, te dices: “soy consciente de este objeto”.

Ahora, hazte la pregunta: ¿hay algo que sea común a toda experiencia?

No hay un pensamiento en particular que sea común a toda experiencia. No hay un sentimiento o una sensación particular que sean comunes a toda experiencia. No hay tampoco ninguna visión, ningún gusto, ningún sonido, etc. en particular que sean comunes.

¿Hay, entonces, algún elemento de la experiencia que sea común y compartido en toda experiencia? 

Citas IV


Desde un punto de vista, la mente, el cuerpo y el mundo velan la presencia de la Presencia consciente, pero desde otro brillan con ella; al igual que una imagen en la pantalla puede ser vista o bien como velando la pantalla o mostrándola.

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La Realidad brilla como Presencia consciente en el Yo, y como Existencia en el mundo.

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Sólo un yo aparentemente interior conoce una persona, objeto, otro o mundo aparentemente exteriores, pero Yo, la luz del puro Conocer, solo me conozco a Mí mismo.

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Todo pertenece a todo; todos pertenecemos a todos.

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Nuestro Yo, la luz del puro Conocer, nunca encuentra, conoce o entra en contacto con otra cosa que no sea sí mismo. Ésta es la experiencia del amor y la belleza.

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Cuando el deseo se libera de la necesidad de producir felicidad para un yo no existente, se revela como un juego de energías que expresan, comparten y celebran la felicidad misma.

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El pensar, sentir y percibir están hechos de puro Conocer, pero el Conocer no está hecho de pensar, sentir o percibir

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No dejes que el pensamiento divida el amor entre el amante y el amado, el sentir entre el que siente y lo sentido, el ver entre el que ve y lo visto, el oír entre el que oye y lo oído, el tocar entre el que toca y lo tocado, el saborear entre el que saborea y lo saboreado, el oler entre el que huele y lo que huele, o el pensar entre el pensador y un pensamiento.

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Como el trasfondo que atestigua toda experiencia, nuestra naturaleza esencial de pura Presencia consciente está intrínsecamente libre de todo, como sustancia de toda experiencia, es íntimamente una con todo.

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Desde el punto de vista del pensamiento finito, todas las cosas son finitas. Desde el punto de vista de Mí mismo, Presencia consciente infinita, todas las cosas aparentes son infinitas.

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La felicidad y la entidad separada se excluyen mutuamente.

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El amor es la condición natural de toda la experiencia antes que el pensamiento la divida en múltiples y diversos de objetos, “yoes” y otros.

La memoria de nuestra eternidad


(Fragmento de una meditación de Rupert Spira en un retiro en California, Junio 2014)

Rupert Spira: Todos los seres aparentemente separados conservan dentro de sí la memoria de su propia eternidad. Esta memoria de nuestro propio e infinito Ser se expresa como el deseo de alcanzar la paz, la felicidad o el amor.

Dondequiera que se encuentre una paloma mensajera, siempre puede encontrar su camino de regreso a casa. Ella se guía por la memoria que le indica en dónde está su hogar. Nada puede oscurecer esta memoria. Del mismo modo, ninguna experiencia tiene la capacidad de oscurecer la memoria de nuestro eterno e infinito Ser.

La búsqueda de nuestra felicidad es la fuerza gravitacional de nuestro Ser. El yo separado cree que su búsqueda de la felicidad es algo que él está llevando a cabo. ¡No es así! La búsqueda de la felicidad es sólo el yo aparentemente separado registrando la fuerza gravitacional desde las profundidades de su propio Ser. Esa energía - la fuerza gravitacional que todos sentimos como el deseo de alcanzar la paz, la felicidad o el amor - es gracia.

La gracia no es una experiencia extraordinaria que sucede de vez en cuando en nuestras vidas. Es la fuerza constante de nuestro Ser más íntimo invitándonos a volver a sí mismo.

Esta fuerza gravitacional que reside en las profundidades de nuestro Ser es experimentada, por la mayoría de la gente, como el deseo de alcanzar la paz, la felicidad o el amor. Es experimentada por un científico como el deseo por adquirir conocimiento y por un artista como el deseo por la belleza. Todas estas formas de deseo son la misma fuerza gravitacional apareciendo en diferentes ámbitos de la experiencia. Es la fuerza de la Consciencia infinita ejerciéndose a sí misma en la mente finita, haciendo que ésta se repliegue.

Entrevista a Rupert Spira


Una entrevista con Rupert Spira por Paula Marvelly 

Paula Marvelly: ¿Podrías dar una breve biografía de tu vida hasta la edad de 16 años? 

Rupert Spira: Provengo de una gran familia entrañable. Mis padres eran amables y cariñosos y dieron todo lo que pudieron, de muy distintas formas, a sus hijos. Mi infancia fue esencialmente feliz y libre. Mis padres se separaron cuando yo tenía seis años y viví con mi madre en Hampshire. Sin embargo, también veía mucho a mi padre. Mi madre es excéntrica, artística y tiene un profundo interés en las cosas espirituales; y mi padre es más mesurado y convencional. Aprendí mucho de ambos. 

PM: Has dicho que a los 16 años comenzaste a meditar. ¿Hubo algo específico -un acontecimiento tal vez- que precipitó una cosa así? 

RS: A la edad de 15 años estaba desencantado con la vida hacia la que mi formación científica me estaba preparando. En la misma época vi una exposición de la obra de Michael Cardew, que agitó mi imaginación más allá de todo lo que previamente había encontrado. También comencé a leer a Rumi y Shankaracharya que despertaron en mí el sentido de una nueva posibilidad completamente. 

PM: Dices que empezaste a leer a Rumi, Gurdjieff, Ouspensky, Krishnamurti, Ramana Maharshi, Nisargadatta Maharaj y Shankaracharya, entre otros. 

RS: De alguna manera, tenía la profunda intuición de que lo que estaba leyendo era cierto. Sus palabras resonaban profundamente dentro de mí y encendieron un intenso deseo de saber por mí mismo de lo que estaban hablando. 

PM: Has dicho que querías hacer una carrera de ciencias, pero que sentías que ese no era el camino correcto a seguir. ¿Por qué era así? ¿Qué había en la ciencia que no te gustaba? 

RS: No fue tanto un rechazo de la ciencia sino una atracción por el arte. El arte parecía comprometer todo mi ser, no sólo mi intelecto. Sentía que el arte me proporcionaba los medios para explorar y expresar los reinos más profundos de la experiencia de una manera que la ciencia no podía. 

PM: Fuiste a la escuela de arte. ¿Hubo alguna disciplina en particular que te inspiró -alfarería y cerámica probablemente- y por qué? 

RS: Primero vi la obra de Michael Cardew y, más tarde, piezas de las primeras tradiciones cerámicas de China, Corea, Japón y Persia. En ese momento mi respuesta fue instintiva e inarticulada, sólo un inconfundible "Sí" desde el fondo de mi ser. Estos objetos eran como condensaciones de la Inteligencia, el Amor y la Belleza. Me pasaba horas en los museos mirándolos. A veces sentía que mi cuerpo se disolvía frente de ellos. Era exactamente la misma experiencia que tuve muchos años más tarde con mi maestro en satsang. 

PM: Usted pasó varios años en la Sociedad de Estudios, creada por el Dr. Francis Roles, bajo la guía de Su Santidad Shantananda Saraswati, el Shankaracharya del Norte. ¿Qué filosofía/enseñanza aprendió allí y de qué le sirvió? 

RS: Cuando llegué a La Sociedad de Estudios los últimos remanentes de la enseñanza de Ouspensky estaban cediendo el paso en favor del Advaita Vedanta de Shankaracharya, que se consideraba que había sido la fuente de las enseñanzas de Ouspensky. 

Me sumergí en la enseñanza y también aprendí los Movimientos de Gurdjieff y el Giro de Mevleví (Derviches giradores) -hermosas prácticas contemplativas de movimiento. Estas enseñanzas fueron mi hogar- yo vivía en ellas y ellas vivían en mí. 

PM: Después de dejar la escuela de arte, trabajaste como artista para ganarte la vida. Dices que creías que la Belleza estaba vinculada a la espiritualidad y que era una manera de poder traer ese concepto a la vida. Me recuerda los versos de Keats: "La Belleza es verdad y la verdad Belleza"
Esto es todo lo que sabes en la tierra, y todo lo que necesitas saber. ¿Podrías extenderte sobre esto? 

RS: Nuestra experiencia aparentemente objetiva consiste en pensamientos, sensaciones y percepciones, es decir, la mente, el cuerpo y el mundo. Cuando la Consciencia "toma la forma" del pensar, parece ser un pensamiento. Cuando "toma la forma" del sentir, parece ser un cuerpo y cuando "toma la forma" del percibir, parece ser un objeto, otros o el mundo.